Fuerza de Submarinos de la Armada Argentina

El 3 de septiembre de 1933 con el arribo a la Base Naval Mar del Plata del Guardacostas General Belgrano, que sirviera inicialmente como buque madre de los submarinos, da comienzo a una nueva especialidad en la entonces Marina de Guerra.

Antecedentes históricos

Aunque las armadas de Perú, Chile y Brasil incorporaron sus primeros sumergibles entre 1911 y 1915, la Argentina no hizo lo propio hasta casi dos décadas más tarde. En realidad, para la defensa del Río de la Plata, principal punto estratégico argentino, los torpederos cumplían esta misión de igual manera dada la escasa profundidad del principal cauce del estuario que obviamente impedía las operaciones de aquéllos.

Sin embargo, los documentos históricos nos muestran que William Tauber ofreció a la Primera Junta en 1811 un proyecto de sumergible capaz de atacar a la flota realista que bloqueaba a una Buenos Aires revolucionaria. Jorge Bolthauser, en 1891, y el ingeniero Teobaldo Ricaldoni, en 1893, intentarán llevar a cabo proyectos de avanzada en momentos en que las mentes navales no concebían al sumergible como un arma de eficaz proyección. De cualquier manera, para ese entonces, ya navegaban desde años antes los monitores fluviales "El Plata" y "Los Andes" de casco inundable, con capacidad de sumergir parte de la obra muerta para dejar sobre la superficie sus cañones principales, chimenea y puente de mando, disminuyendo de esta forma la superficie de blanco al enemigo.

En 1917, los Tenientes Francis Lajous, Osvaldo Repeto, Eduardo Cevallos y Vicente Ferrer son designados para viajar a los EE.UU. y realizar un curso de submarinos. Estos cuatro oficiales culminan su labor interviniendo en pruebas y recepción de unidades nuevas y como instructores de tripulaciones en momentos que transcurría la Primera Gran Guerra. Por su eficaz labor, el Congreso del país del Norte los premia con la "Victory Medal" por los servicios prestados a la Marina de los EE.UU. de Norteamérica.

Al año siguiente se destinan, también a la armada estadounidense, otros tres jóvenes oficiales. Ellos son el Teniente de Fragata José Oca Balda y los Alféreces de Navío Ramón Poch y Alberto Tessaire. Realizan cursos específicos en la Base de New London, en la Escuela de Submarinos y en la Escuela de Torpedos, navegando en los sumergibles adscriptos a la citada base. Regresaron a la Argentina en 1920 y con ellos comienzan los estudios correspondientes para incorporar los primeros sumergibles a la Armada.

Finalmente, en 1926, merced a la activa gestión del Ministro de Marina Almirante Manuel Domecq García, se obtiene la autorización para la compra de sumergibles mediante la Ley 11.378 sancionada el 29 de septiembre de 1926 que permite la adquisición en el extranjero de dos grupos de tres sumergibles cada uno, cumpliéndose solamente con el primero de ellos.

Los Tarantinos

El 15 de octubre de 1927 se firma el contrato entre la Marina de Guerra Argentina y el astillero italiano Franco Tosti para la provisión de tres sumergibles. La Orden General 103/928 dispone designar a las naves como ARA "Santa Fe" S-1, "Santiago del Estero" S-2 (luego S-3) y "Salta" S-3 (posteriormente S-2), comenzándose con la tradición de denominar a los submarinos con el nombre iniciado con la letra "S" de provincias argentinas. La primera quilla se colocó en gradas el 25 de mayo de 1928, siendo entregado el "S-1" el 26 de octubre de 1932. Finalizadas las dos naves restantes tres meses más tarde, zarparon desde Taranto hacia la Argentina el 25 de febrero de 1933 y luego de un reabastecimiento en Las Palmas arribaron al puerto de Buenos Aires el 7 de abril, siendo recibidas en el canal de acceso por el Presidente Agustín P. Justo y por el Ministro de Marina Domecq García. Luego de ser sometidos a una carena y recorrida técnica, las tres naves partieron hacia Mar del Plata y arribaron a la Base Naval el 3 de septiembre de 1933, fecha ésta tomada como el día del Submarinista de la Armada. Las primeras instalaciones para la tripulación y administración de la Fuerza fueron las cubiertas y sollados del guardacostas "Gral. Belgrano" (ex crucero acorazado) amarrado en el mismo muelle de submarinos.

Con una eslora de 64 metros y un desplazamiento en inmersión de 1.155 toneladas, estos sumergibles de la clase Cavallini modificados estaban impulsados por un motor eléctrico de 1.400 hp que propulsaba dos hélices y permitían alcanzar una velocidad máxima de 17,5 nudos en superficie y 8,5 en inmersión, pudiéndose recargar su batería merced a dos motogeneradores Tosti de 3.000 hp. El poder ofensivo estaba constituido por cuatro tubos lanzatorpedos a proa y cuatro a popa con capacidad de lanzamiento de torpedos de corrida recta de 530 mm. Portaba por delante de la vela sobre la línea de crujía un cañón de 100 mm, que en los años 50 fue reemplazado por un Bofors de 40mm. La profundidad operativa era de 80 metros.

Con una atmósfera interna cargada de un pegajoso olor a gas oil, con el baño y la cocina instalados en la libre circulación de la vela, estos sumergibles posibilitaron la incorporación de una nueva etapa en la Marina de Guerra, aprovechando las experiencias de la primera contienda mundial y donde cientos de tripulantes fueron adquiriendo la especialidad submarinista forjada sobre la base de un espíritu de cuerpo muy especial, donde todos se encuentran en todo momento con todos, encerrados por muchos días en el interior de un exiguo "toscano" de acero. El "Santa Fe" dijo adiós a la Armada en 1956, el "Santiago del Estero" en 1959 y el "Salta" abandonó definitivamente su asiento natural en 1960.

Los últimos Lobos Grises

Sin dudas, la más curiosa historia en los años de existencia de la Fuerza de Submarinos fue la rendición de dos naves alemanas en el Puerto de Mar del Plata dos meses más tarde de concluida la Segunda Guerra Mundial. La primera en arribar a las proximidades de la Base, el 10 de julio de 1945, fue el submarino Tipo IX C U-530 comandado por el Teniente de Navío Otto Vermouth. La restante fue el U-977 del Tipo VII C que alcanzó las costas marplatenses el 17 de agosto del mismo año, al mando del Capitán de Fragata Heinz Schaffer. Si bien en cada una de las naves fue izada la Bandera Argentina, los submarinos fueron entregados al gobierno de los EE.UU., cuya armada los utilizó como blancos en el Atlántico Norte.

El tema a dio lugar a un sinnúmero de noticias, notas y publicaciones que llegan hasta nuestros días y permitió abrir la imaginación a historias fantásticas con submarinos cargados del oro nazi, transportando desde jerarcas hasta el mismo Hitler a la Patagonia y conseguir que esos U-Boots naveguen en inmersión donde no hay posibilidad de hacerlo, como por ejemplo, en las costas del Tuyú.

Los Flota

Casi al mismo tiempo que el último de los Tarantinos abandonaba para siempre la Dársena de Submarinos, altos oficiales de la Armada Argentina firmaban, el 11 de agosto de 1960, la recepción de dos sumergibles de la clase Balao en calidad de "Préstamo y Arriendo" en San Francisco Bay Naval Shipyard. Conocidos genéricamente durante la Segunda Guerra como Fleet Submarines, las naves, que habían sido botadas en 1944 y 1945, se encontraban en muy buen estado de conservación, con poco uso y no habían recibido modernización alguna. Operativamente, eran inferiores a las naves alemanas que se rindieron 15 años antes en Mar del Plata, pero permitieron a la Armada recuperar capacidad submarina acorde en la región y dar comienzo a un adiestramiento en los Operativos Unitas, de acuerdo a los intereses hemisféricos impuestos por la denominada Guerra Fría.

Ambas naves partieron desde San Francisco, California, el 23 de septiembre y luego de varias escalas y cruzando el Canal de Panamá, arribaron a Mar del Plata el 3 de noviembre realizando la totalidad de la navegación en superficie. De 93,50 metros de eslora y un desplazamiento en inmersión de 2.425 toneladas, los Flota disponían de 10 tubos lanzatorpedos, seis a proa y cuatro a popa. La propulsión estaba asegurada por dos motores eléctricos General Electric de 1.100 Kw, dos hélices y una batería plomo ácido de 126 elementos. Cuatro motores diesel GM con un total de 6.400 hp permitían reponer la energía merced a dos generadores y, con una capacidad de combustible de 380 toneladas, los Balao tenían un radio de acción de 12.000 millas a 10 nudos. La velocidad máxima en superficie era de 20 nudos y 12 en inmersión.

Los submarinos fueron bautizados como ARA "Santa Fe" S-11 (ex USS "Macabi" SS-375) y ARA "Santiago del Estero" (ex USS "Lamprey" SS-373) y para la Armada Argentina ambas naves navegaron más de 200.000 millas y realizaron unas 6.000 inmersiones. Fueron radiados en 1971 al recibirse las dos naves tipo Guppy.

Los Guppy

Dada la enorme disponibilidad de submarinos Flota construidos durante la Segunda Guerra y mientras se fabricaban los de propulsión nuclear, la Armada de los EE.UU. desarrolló un proyecto denominado "Guppy" (Greater Underwater Propulsion Program

-que con el agregado de la letra "y" toma el nombre de un pez-) para modernizar medio centenar de Balaos, que se llevó a cabo entre 1948 y 1962. La modernización consistía a grandes rasgos en la incorporación de un voluminoso sonar BQR2 bajo la proa, instalación de un mástil snorkel, mejoramiento de las líneas hidrodinámicas para incrementar la velocidad en inmersión, baterías de carga rápida, agitador de electrolito, sistema de control de fuego TDC, equipo de contramedidas electrónicas, torpedos antisubmarinos de nueva generación, vela y parte de la superestructura de plástico reforzado, etc. Con una tripulación de 78 hombres, los Guppy tenían un desplazamiento y dimensiones similares a los Balao pero alcanzaban una velocidad en inmersión del orden de los 15/17 nudos y 18 en superficie.

En julio de 1971, la Armada Argentina firma la recepción de dos unidades Guppy denominadas ARA "Santa Fe" S-21 (ex USS "Catfish" SS-339 tipo Guppy II) y ARA "Santiago del Estero" S-22 (ex USS Chivo SS-341 tipo Guppy I A) que llegaron a Mar del Plata el 13 de septiembre. La principal diferencia entre los dos submarinos era que el S-21 disponía de un generador de burbujas -praire maskers- para "enmascarar" el momento de recarga de batería con snorkel. Con estas naves, las tripulaciones podían adiestrarse en "submarinos verdaderos" hasta tanto se produjera la entrega de las unidades Tipo 209 que se construían con tecnología alemana.

El "Santiago del Estero" pasó a reserva previa a radiación a fines de 1981 mientras que el "Santa fe" se perdería en las Islas Georgias en abril de 1982 como se detalla más adelante.

Los submarinos verdaderos

A fines de la década de los años 60 se desarrolló, en el seno del arma submarina, una verdadera "batalla" para decidir cuál sería la nave a incorporar de concepción moderna, que reemplazaría a las rezagadas unidades excedentes de la US Navy. Las posiciones conservadoras propugnaban por la compra de la probada clase británica Oberón, por la que se habían decidido las armadas de Brasil y Chile, mientras que los más "revolucionarios" se inclinaban por un novedoso diseño salido de los tableros de la oficina IKL, dirigida por el famoso ingeniero germano Ulrich Gabler, que era ofrecido por la firma HDW AG de Kiel. Denominado tipo 209, sólo dos naves estaban en construcción para la armada griega y dados los requerimientos argentinos (navegar 50 días en inmersión), si se tomaba este ofrecimiento, los submarinos deberían prefabricarse en Alemania y terminar de construirse en la Argentina dadas las restricciones de tonelaje en la fabricación de submarinos que todavía imperaba sobre los germanos. Afortunadamente, tal como lo demostró la práctica, triunfó la propuesta alemana y la Armada Argentina fue pionera en la región en la utilización de estas magníficas máquinas para la guerra, que además posibilitó a Tandanor intervenir en la construcción de ambas naves de tecnología moderna.

Los IKL 209 Clase "Salta"

Cuando se incorporaron los submarinos 209 a la Armada Argentina en 1974, eran por lejos el sistema de armas naval más moderno de la región. Casco resistente construido con acero aleado HY-80 que le permitía navegar a una profundidad del orden de los 300 metros; motor eléctrico Siemens de bajas revoluciones diseñado a tal fin; hélice única de novedoso diseño que, junto a líneas hidrodinámicas adaptadas para la navegación en inmersión, le permitía alcanzar los 22 nudos en tal condición, además de otorgarle gran capacidad de maniobra desde muy bajas velocidades. Dispone de ocho tubos lanzatorpedos, torpedos filoguiados con un alcance de 30 km, posibilidad de plantar minas, además de un completo y moderno sistema de sensores con sonares activo, pasivo, de intercepción, telémetro acústico, sistema de control de tiro integrado, computadora de adiestramiento, analizador espectral, lanzador de señuelos, etc. Como se comprobó en sus años de servicio, el 209 era y es una máquina muy difícil de detectar por su baja firma acústica y sonar. Los cuatro motores diesel MTU con sus respectivos generadores posibilitan la recarga de la batería con máxima rapidez y eficiencia.

Durante 1975, el ARA "Salta" S-31 y el ARA "San Luis" S-32 realizaron la última gran comprobación operativa al permanecer navegando en inmersión y de patrulla por espacio de 50 días en forma ininterrumpida. En el conflicto de Malvinas, luego de haber sido combatido por la temida flota británica altamente especializada en lucha antisubmarina sin ser descubierto y disparado infructuosamente, el "San Luis" pasó a reserva en 1995. El "Salta" fue modernizado en esa misma época y se encuentra plenamente operativo.

Batalla en el Atlántico Sur

El "Santa Fe"

Que su batería estuviera al límite de su vida útil y muchos de sus sistemas envejecidos, no fue impedimento para que el submarino "Santa Fe" S-21 entrara en la historia argentina participando en la recuperación de las Islas Malvinas al permitir el desembarco, al este de Punta Celbroña, de una sección de Buzos Tácticos el día 2 de abril de 1982 a las 03:35, que tenía por misión el marcado de la playa donde arribarían los vehículos anfibios de la Infantería de Marina. Concluida con éxito su misión, el "Santa Fe" regresó a Mar del Plata y pronto recibió las órdenes para trasladar un grupo de Infantes a las Islas Georgias para reforzar la pequeña guarnición destacada en el lugar. Con no pocos contratiempos el viejo Guppy, comandado por el Capitán de Corbeta Horacio Bicain, llegó a la Bahía Guardia Nacional el 24 de abril a las 14. Luego de cumplir esta nueva misión desembarcando personal y equipo, el submarino zarpa en busca de aguas abiertas para sumergirse, pero con las primeras luces del 25 la nave es atacada por helicópteros británicos que le producen serias averías. Con algunos tripulantes combatiendo con fusiles desde la vela, el "Santa Fe" vira para retornar al muelle de Grytviken, alcanzando este propósito a las 7:10 con un herido de gravedad como consecuencia del combate. La plaza se rinde a las 19:00 frente a la superioridad del enemigo, pero el submarino observará todavía una baja fatal: el Suboficial Félix Artuso, en una desgraciada maniobra, cuando todo había terminado. El "Santa Fe" hundido en la Caleta Capitán Vago, fue rescatado por los ingleses, pero se hundió definitivamente en el Atlántico Sur cuando intentaban remolcarlo.

El "San Luis"

Para el Capitán de Fragata Fernando Azcueta, Comandante del "San Luis", la rotura del computador de tiro durante el tránsito a la zona de operaciones asignada, no fue un impedimento para atacar a unidades inglesas. A las 10:15 del 1 de mayo de 1982, Azcueta ordena el lanzamiento en forma manual de un torpedo SST-4 sobre un blanco clasificado como fragata o destructor a 10.000 yardas. Una falla técnica ocasiona el corte del cable de filoguiado a tres minutos de lanzado y el arma no encontrará su blanco. No obstante, el enemigo detectará el sonido del torpedo e inicia un contraataque con cargas de profundidad y torpedo antisubmarino. El "San Luis" se asienta en el fondo malvinero y con dramática vigilia, la tripulación espera un largo día el alejamiento de fragatas y helicópteros británicos. El 8 de mayo a las 21:42 se lanza un torpedo antisubmarino Mk-37 sobre un blanco poco definido pero que presentaba movimiento inteligente. El arma explota a las 21:58 y el blanco cambia su rumbo hacia la costa sin poder determinarse la causa de la detonación. Tres días más tarde a la 01:40 se lanza con sistema de emergencia un nuevo torpedo SST-4 contra uno de los dos blancos detectados por los sensores y clasificados como tipo destructor. Se vuelve a cortar el cable, pero a los seis minutos se advierte una explosión de baja intensidad con ruido metálico. A diferencia del ataque del 1 de mayo, las naves enemigas no contraatacan y se retiran del lugar a máxima velocidad. Al día siguiente se le ordena al "San Luis" retornar a su base por la falta de confiabilidad del sistema de armas.

 

Los TR 1700 Clase "Santa Cruz"

Al mismo tiempo que se recibían los 209, el Poder Ejecutivo Nacional mediante el Decreto 768 del 5 de septiembre de1974 autoriza la construcción de dos submarinos provistos por la firma germana Thyssen Nordseewerke y el montaje de un astillero especializado en la producción de este tipo de naves en la Argentina. Concluidos los estudios pertinentes y de acuerdo a la situación político-estratégica local y global de la época, se decide por un tipo de diseño de dimensiones mínimas tales que, en un futuro, pudieran incorporar propulsión nuclear.

Se seleccionó el diseño de la clase TR 1700 que resultó ser una nave de excelentes condiciones dinámicas, gran profundidad de inmersión con la más alta velocidad para submarinos convencionales: superior a los 25 nudos, gran radio de acción, silencioso y de baja firma sonar, batería de enorme rendimiento, con una elevada capacidad de recarga de la misma merced a cuatro diesel generadores MTU que minimizan la tasa de indiscreción. En comparación con el 209, el TR 1700 con sus dos cubiertas resultó con mayor espacio para la tripulación y además posee una compacta consola de ingeniería, que junto a la automatización de los equipos, requiere de una menor guardia de navegación.

El 14 de diciembre de 1984, el ARA "Santa Cruz" S-41 arribó a Mar del Plata mientras que su gemelo, el ARA "San Juan" S-42, hizo lo propio el 18 de enero de 1986. Ambas naves fueron seguidas en parte de su navegación por unidades de superficie y aéreas británicas que intentaban obtener la firma acústica de estos nuevos medios. La excelencia de los TR quedó demostrada en ejercitaciones combinadas. En una de ellas, el ARA "San Juan" fue declarado como neutralizado por los jueces de la US Navy, ya que si bien no pudo lanzar sus torpedos, las fragatas, destructores y helicópteros antisubmarinos nada pudieron hacer para detectarlo. En otro ejercicio, el "Santa Cruz" realizó un combate sub-sub contra una unidad nuclear norteamericana terminando con un resultado 2 a 2 (dos hundimientos por cada lado); en otra oportunidad fue nada menos que el portaaviones US "Kitty Hawk" el blanco de los torpedos (simulados) del mismo submarino.

El "Santa Cruz" ha recibido recientemente su reparación de media vida y pronto ocurrirá lo mismo con el "San Juan", por tanto, los TR 1700 seguirán mostrando su clásico perfil en las costas marplatenses por muchos años más.

 

Madurez forjada en combate

Ninguna especialidad de las FFAA argentinas ha escapado a los continuos recortes presupuestarios y a las recurrentes crisis económicas. No obstante ello, la Fuerza de Submarinos ha trabajado con mucho ahínco para sacar provecho de la experiencia de Malvinas, tanto en la faz técnica de sus sistemas de armas como en la cada vez mayor profesionalización de sus tripulaciones. Las mismas se han enriquecido en forma permanente con intercambios y cursos en distintas armadas del orbe, y con ejercitaciones combinadas con los países del Mercosur, los EE.UU., Francia, Italia, España, etcétera.

La Escuela de Submarinos, por su parte, se ha nutrido con diversos equipos didácticos y nuevos software de simulación que facilitan la instrucción de oficiales y suboficiales a costos muy reducidos. El Arsenal Naval Mar del Plata asimismo ha tenido a su cargo la nada fácil tarea de mantener los sistemas de cada una de las naves con escasos recursos, sin embargo, con voluntad e ingenio se ha conseguido una alta disponibilidad de cada uno de los submarinos en servicio. Lamentablemente, para el submarino "San Luis" no se obtuvieron en su momento los fondos necesarios para su reparación de media vida y pasó a reserva, quedando preservado en el Astillero Domecq García.

Actualmente, el arma submarinos en el mundo se encuentra en pleno y novedoso cambio con los sistemas de propulsión independiente del aire (AIP). Recientemente, se ha entregado a la Armada Alemana la primera de las naves del Tipo 212 construidas por el Consorcio Germano de Submarinos y provista con la célula de combustible de Siemens. No obstante, todavía quedan varios submarinos convencionales para ser terminados que no incorporaron la AIP. La tecnología alemana ha sido muy positiva para la Fuerza de Submarinos. Por ello, no debe extrañarnos que en el futuro proyectos germanos adaptados a las propias necesidades encabecen las prioridades cuando el fin de los días de los TR 1700 se encuentre próximo.

Ricardo Burzaco