MACARTHUR, AUSTRALIA Y EL MAR DEL CORAL

"El Presidente de los Estados Unidos, me ha ordenado salir de Filipinas cruzando el bloqueo, he logrado cruzar, y volveré".

LAS FILIPINAS

Después de Pearl Harbor, el ejército imperial fue un verdadero vendaval, nada lo pudo resistir, ni Filipinas, ni Malasia, ni Birmania, ni las Indias Holandesas. Singapore, capital de Malasia y la guarnición británica del General A. E. Percival cayeron ante Yamashita. Los célebres cañones apuntaban rígidamente hacia el mar. Fue una insólita estupidez. Nadie lo había pensado. Los japoneses atacaron por tierra desde adentro de Malasia. Churchill quedó atontado, y como tantas veces, sus fuertes emociones, embellecieron la oratoria y la literatura:"Tenía que haberlo sabido. Tenían que habérmelo dicho. Tenía que haber preguntado".

Para completar su desazón, los aviones japoneses habían continuado su obra a las 72 has de Pearl Harbor, hundiendo al acorazado Prince of Wales, aquel que debió desviarse de su rumbo, para no embestir a los restos del Hood, que acababa de volar ante el fuego del Bismarck, y al crucero de batalla Repulse, el que había sido averiado por los torpedos del U - 47 en la noche de Scapa Flow, cuando este submarino hundió al acorazado Royal Oak.

Lo de Filipinas, en cambio, fue el drama de todo un pueblo, como tantos otros pueblos, en ésa y en cualquier otra guerra. Pero fue, además, uno de los dramas personales más extraordinarios de la Historia.

El general de cuatro estrellas,(general de una estrella en la Primera Guerra Mundial. Y comandante entonces de la división "Arco Iris"). El que en 1930, siendo Jefe del Estado Mayor, reprimió a los veteranos de guerra, que habían instalado sus carpas en la Avenida Pennsylvania.

El que renunció al ejército y se fue a las Filipinas, después de gritarle al presidente, en una discusión presupuestaria: "¡Cuando el último soldado norteamericano agonice en el barro, quiero que maldiga a Franklin Delano Roosevelt, y no a mí!". Mariscal de Campo en Filipinas, y organizador de su ejército. El mismo a quien se acusaba de egolatría. Aquél de quien dijo su ex subordinado Eisenhower: "Estuve destinado en Las Filipinas aprendiendo arte escénico de mi jefe". El norteamericano más querido en Las Filipinas, y el más odiado en Australia. Al que sus hombres llamaban "Trinchera Doug" en Filipinas y "Chocolat Doug" en Australia. El que combatió como general en tres guerras, contando la de Corea. El que fue designado para gobernar por años al Japón, y a su emperador, porque sólo "una divinidad", podía gobernar a otra divinidad. El que nunca visitó al Emperador, pero logró ser visitado por él. El gobernante de la reforma agraria y el voto femenino. El que quería tirar bombas atómicas en China, pero no quería obedecer a su presidente. El que, destituido por el presidente Truman, rindió cuentas ante el Congreso de los EEUU. Y fue interrumpido allí con treinta y tres ovaciones en once minutos. El que a su paso por las calles de N. York, recibió de la multitud, ocho toneladas de flores. El que en julio de 1941, fue comisionado por Roosevelt, como comandante en Filipinas. Y previó exactamente, el lugar de desembarco de los Japoneses del general Homma. El que pese al correcto comportamiento de sus tropas, debió retirarlas hacia Batán. El que entregó al Presidente Quezón, que era evacuado en un submarino, la caja con sus medallas para que las entregara al Ejército Norteamericano a su muerte. Porque pensaba morir dirigiendo la resistencia. Él, que era hijo de un general de cinco estrellas, conquistador de Las Filipinas.

Justamente él, Douglas MacArthur, recibió la orden de dejar Las Filipinas, y abandonando allí a sus tropas, irse a Australia. La rechazó e informó a Washington que renunciaba a su comisión en el ejército, y se alistaba como soldado raso a sus 61 años. Roosevelt lo llamó, y lo convenció de aceptar. ¿Qué había sucedido?

Australia estaba en peligro, los japoneses ya estaban en Buna al norte de Nueva Guinea. Por mar o por tierra, pronto ocuparían Port Moresby, del lado sur, y eso estaba allí mismo, frente a Australia. Era el trampolín ideal para llegar a un lugar en el que no había muchas defensas, salvo un ejército mal armado, una marina vencida en la batalla del Mar de Java, donde había muerto el Almirante Karel Doorman, y a raíz de ello, había ocurrido la caída de Nueva Guinea y del resto de las Indias Holandesas. Los australianos tenían 3 divisiones en Africa del Norte, y avisaron a Churchill que las llevaban a defender la patria amenazada. Éste se sintió enfermo, y apeló a Roosevelt. Si se perdía el Norte de Africa, por haberse debilitado el Octavo Ejército, el retroceso sería

enorme. Lo único que podría calmar a los Australianos y evitar ese retiro, era la presencia allí de un jefe de la importancia de MacArthur, lo que por otro lado era necesario porque había que organizarlo todo, con muy pocos medios, y ante la cercanía de un enemigo muy poderoso. Sólo se evitó el retiro de la famosa 9ª que luego lideraría la gran victoria del Alamein, las 6ª y 7ª se fueron.

Bien habría podido decir nuestro hombre, que su salida de Filipinas, abandonando allí a su ejército, fue una ayuda indirecta para Montgomery en el desierto, y para la victoria final en Europa. Así pues, el radiograma con la orden: "Proceda a Melbourne de inmediato" y la posterior discusión con Roosevelt, luego de su rechazo, obligaron a este general incomparable a dejar a su segundo, el General Jonathan Wainwright, al frente de un desastre. Un ejército de10 divisiones destruidas por el hambre y la malaria, contra los cuales no había comida ni quinina, y condenado a una muerte segura, o a algo peor. Cumpliendo esas órdenes, debió forzar el bloqueo enemigo, lo que hizo en una lancha torpedera, e ir a instalarse en Australia como Comandante en Jefe del Pacifico Sur. Un mensaje "Urbi et Orbi" desde el avión que lo llevó en el último tramo, y un discurso a su llegada a Melbourne, escribieron en la historia una apelación inolvidable:

"El Presidente de los Estados Unidos, me ha ordenado salir de Filipinas cruzando el bloqueo, he logrado cruzar, y volveré".

Faltaban más de 30 meses para que, de vuelta en suelo filipino, recibiera su quinta estrella. Pero por ahora, sus hombres en Filipinas, abandonados al hambre, la peste y las balas, "los bastardos combatientes de Batán, sin padre, ni madre, ni Tío Sam", dirían: "me voy a la letrina, pero volveré". También lo harían los combatientes de Nueva Guinea. Pero no todas fueron burlas: hubo alguien que le creyó, y Dios no quiso que se equivocara, fue un pueblo humilde, golpeado y abandonado, siempre sojuzgado, pero un pueblo que creía en MacArthur, porque sabía que MacArthur lo quería, igual que quería a sus bastardos, y en medio de su dolor, adivinó el dolor de su Mariscal, y adivinó que cada paso que él diera lo dirigiría al rescate, por encima de cualquier obstáculo, y contra la voluntad del mundo entero, si el mundo entero se le oponía: el pueblo de Las Filipinas.

"La palabra volveré, fue como una promesa de magia, para los filipinos. Encendió una llama que se volvió símbolo y concentró la voluntad indomable de la nación, en cuyo santuario, por fin, logró la libertad. Fue escrita en la arena de las playas e impresa en el correo.

Fue susurrada en los claustros de las iglesias, se convirtió en el grito de batalla de una gran reacción subterránea que ninguna bayoneta japonesa pudo acallar. Volveré"

Pero faltaba una eternidad. Wainwright, no tuvo más remedio que rendir sus tropas ante Homma. El trato de los vencedores, especialmente en la "marcha de la muerte", fue vergonzoso por lo cruel, y esto acrecentó enormemente el odio hacia los japoneses en los Estados Unidos.

EL MAR DEL CORAL

En Australia se preparaban para la invasión, y en el Japón también. El equipo de inteligencia del comandante John Rochefort, en Pearl Harbor, detectó la operación "MO", la toma de Port Moresby desde el mar. Los japoneses se acercaban a ese lugar también por tierra, cruzando desde Buna.

El almirante Chester W. Nimitz, comandante desde el 27 de diciembre de 1941 de la Flota del Pacífico, teniendo disponibles sólo 2 de sus 5 portaaviones, decidió enviar al contraalmirante Frank 'Blackjack' Fletcher con dos Fuerzas de Tarea: su propia 17 formada alrededor del Yorktown y la 11 del contraalmirante Aubrey W. Fitch, alrededor del Lexington. Fletcher, más antiguo, ostentaría el OTC, u Over Tactical Command (comando operativo). La Task Force 16 con el Hornet y el Enterprise, al mando del vicealmirante William Halsey, que había llevado al general James Doolittle a su travesura de bombardear Tokyo y otras ciudades del Japón, con 16 aviones Mitchell B-25, no pudo llegar a tiempo para ayudarlos. El plan japonés incluía también la toma de Tulagi, por lo que habría dos convoyes de tropas con sus respectivas formaciones de escolta, una de las cuales, la del Norte, destinada a Port Moresby, incluiría al portaaviones ligero Soho. Una tercer formación, la más poderosa, con los dos portaaviones medianos Shokaku y Zuikaku, estaría en el centro del Mar del Coral, para neutralizar cualquier presencia allí, de la Flota del Pacifico. El 3 de mayo de 1942, los japoneses ocuparon Tulagi, y Fletcher cuya instintiva reacción fue atacar el puerto, sólo pudo hundir un destructor y tres transportes, al precio de descubrir su presencia en la zona. Tal vez esto originó que un mes más tarde en Midway, Nimitz en un arranque paternalista interviniera desde Pearl Harbor, cuando pensó que su subordinado se precipitaría, y sería capaz de atacar a una fuerza equivocada; pero aunque él no lo sabia, Fletcher ya había aprendido la lección. De todas maneras, no era tan equivocada su apuesta en el Mar del Coral. Con algo más de suerte en Tulagi, pudo haber forzado la retirada japonesa de ese lugar, evitando toda la odisea posterior de Guadalcanal. Y ante la soberbia con la que un historiador del calibre de Morrison, se refirió más de una vez a Fletcher, tal vez sea mejor, escuchar la opinión de algunos de los hombres que sufrieron seis meses de lucha en esa isla, respecto de este intento, lamentablemente fallido, del comandante norteamericano. El 7 de mayo, en lo que erróneamente, se calificó como una acción apresurada, Fletcher, por un informe equivocado que confundió los transportes nipones que iban a Port Moresby con el Shokaku y el Suikaku, lanzó 93 aviones contra aquéllos, pero sus pilotos le salvaron el día, al ubicar a treinta millas al Soho y hundirlo en cuestión de minutos. Fletcher actuó bien, porque no había racionalidad alguna en esperar la confirmación, corriendo en el ínterin, el riesgo de ser descubierto y atacado. De hecho, esos dos portaaviones enemigos, estaban muy cerca de él, navegando también hacia el NO en ruta paralela, a unas sesenta millas a estribor, y no fueron descubiertos por los exploradores, tal vez por no llegar éstos, a cubrir con sus recorridos toda el área. Fletcher corregiría luego este error, en Midway. El informe del jefe de los aviadores que habían hundido al portaaviones Soho: "borren a uno de la lista" se transformó en la frase más famosa de la guerra del Pacífico.

Tal parece que algunos escritores, no se detuvieron a pensar, que nada se sabía entonces acerca de la lucha de portaaviones y que todo lo que podía hacer un comandante era improvisar. A veces, tanto el éxito literario como el periodístico, pueden llevar a la gente a creerse con derecho a juzgar y condenar a hombres en cuyas manos quedó muy a salvo, el destino de generaciones. El desembarco fue anulado y aunque Fletcher no lo sabía en ese momento, desde el punto de vista estratégico, ya había ganado la batalla. Lo táctico se resolvería al día siguiente, 8 de mayo, pese a que en la tarde del día 7, los japoneses enviaron a ciegas un ataque que pasó muy cerca de los buques de EEUU, pero en definitiva perdieron inútilmente 21 aviones. A la mañana siguiente, se ubicaron y se atacaron las 2 flotas entre sí, y la suerte favoreció notoriamente a los nipones. Las nubes bajas ocultaron al Zuikaku, que se salvó, siendo muy averiado el Shokaku. Los dos portaaviones norteamericanos fueron alcanzados, sin graves consecuencias en principio, pero el insólito descuido de no apagar un generador cuando había vapor de nafta en uno de los hangares, provocó a mediodía una tremenda explosión en el Lexington, que originó la pérdida del buque poco después. Ese fue el final de la batalla del Mar del Coral. Los éxitos, deben ser medidos por sus consecuencias, y en ese sentido, Fletcher y Fitch habían ganado. Volvían sin el Lexington, pero habían ganado, y no era una victoria menor. El Japón no había desembarcado en Port Moresby y Australia empezaba a salvarse. Las victorias del Sol naciente habían terminado.

EL LARGO CAMINO

Los australianos pudieron entonces cruzar ellos a Port Moresby, y allí detuvieron el ataque terrestre de los japoneses, y los persiguieron por la selva hacia Buna. Los hombres de los EEUU, también fueron hasta allí, pero en los aviones del general George C. Kenney, comandante aéreo de MacArthur. La conquista de Buna a manos del general Robert "Bob" Eichelberger y del general australiano sir Thomas Balmey, casi definitiva seguridad de Australia, fue seguida luego por las ofensivas de los "Saltos de Pulga", famosa estrategia de MacArthur, que consistía en la toma de islas vacías para cortar desde allí los abastecimientos a islas enemigas, llenas de tropas, que muchas veces terminaban rindiéndose por hambre. En los meses que siguieron los "saltos de pulga" y las victorias de Nimitz acercaron a los aliados, al cinturón defensivo japonés. Y con ello a Las Filipinas y al cumplimiento de la promesa de MacArthur. El pueblo de las Filipinas no se equivocó. Cada paso que daba 'su' MacArthur, le recordaba obsesivamente a éste que "sus" Filipinas estaban más cerca. El Mar del Coral, fue el primer paso de la salvación de Australia, y la salvación de Australia, fue el primer paso de la victoria aliada en la guerra del Pacifico."Para verdades, el tiempo", y el tiempo daría la justa dimensión de esta victoria.

Para Fletcher, aunque él no lo sabía, habría una gran oportunidad. Su jefe Nimitz, lo estaba esperando con una misión casi imposible. Irremediablemente sin el Lexington, el Yorktown muy averiado, y el Saratoga, que a punto de volver al agua reparado, no llegaría a tiempo demorado por el cruce desde la costa oeste, Nimitz haría el milagro de armar una flota, y Fletcher la hazaña de conducirla, ayudado por la inestimable actuación de Spruance, a una victoria fulminante en la batalla decisiva de la guerra, pocos días más tarde, cerca de "Midway".

PUEBLO DE LAS FILIPINAS: HE VUELTO.

Y llegó Julio de 1944. MacArthur fue llamado por Roosevelt, a Pearl Harbor, a decidir el futuro de la Guerra con Nimitz, ante él, Marshall y King. Contuvo el aliento. Sabía que se jugaba el destino de Filipinas, y su propio destino. La única razón para no avergonzarse de su salida, era la firme voluntad suya de cumplir su volveré y la fe ciega de los filipinos en su palabra. Lo único que quería hacer en su vida era volver. No iba a tolerar otra cosa, y no lo toleró. Cuando Nimitz expuso el plan de la Marina, se indignó. Era saltear Filipinas, y tomar Formosa. Luchó desesperadamente. Dijo que Nimitz, quería arrastrar por el fango la bandera y el honor de los Estados Unidos. Y golpeó a sus oyentes leyendo la copia de un discurso de Roosevelt, un olvidado discurso que él, y seguramente los filipinos, no habían olvidado: "Yo le prometo al pueblo de Las Filipinas, que lucharemos por su libertad. Todos los recursos humanos y materiales de los Estados Unidos, respaldan esta solemne promesa". Juró que llegaría a Las Filipinas, aún en canoa. Tal vez Roosevelt vislumbró a su mariscal filipino renunciando por tercera vez a su comisión en el ejército de los EEUU. Y decidió darle la razón. El 20 de octubre de 1944, los norteamericanos volvieron a las Filipinas. Una de las promesas más famosas de la historia, estaba cumplida. En los días que siguieron, mientras un disparatado y nunca sancionado almirante Halsey perseguía hacia el Norte, a los portaaviones vacíos de los japoneses, poniendo en peligro a toda la Flota de Invasión, al dejar sin protección su flanco norte, un puñado de heroicos destructores, salió al encuentro del Yamato y los demás acorazados japoneses que surgían del estrecho de San Bernardino, y se acercaban hacia el flanco desprotegido. Increíblemente, en las dos horas más gloriosas de la armada norteamericana, los pusieron en fuga. Mientras tanto, llamado desesperadamente por todo el mundo, y obedeciendo a una orden directa de Nimitz, Halsey volvía a marchas forzadas a remediar el desastre que insólitamente había provocado. No pudo llegar, y años después, recordaría con amargura que ante la grave situación y la intervención personal de Nimitz, tuvo que dar, finalmente la orden de regresar: "al hacerlo, los portaaviones japoneses estaban a cuarenta kilómetros de la boca de mis cañones de 406 mm, volví entonces la espalda a la ocasión con la que había soñado toda mi vida, desde que salí de la academia naval.". En la noche anterior, el vicealmirante Oldendorf, había desbaratado el intento japonés de pasar por el estrecho de Surigao, para atacar el flanco sur de la flota de invasión. Había sido la última batalla clásica de la historia, "cortando la T" con todo el flanco de su línea de batalla, sobre la cabeza indefensa de la formación enemiga, destruyéndola totalmente. Pero, más allá de todo esto, el 20 de Octubre, MacArthur desembarcaba y desde la playa misma, mientras los conmocionados filipinos, corrían a avisar a sus compatriotas que encendieran las radios, Douglas MacArthur dirigía a ése, "su" pueblo, el mensaje más importante en la historia de las Islas, y al hacerlo entraba en esa historia, en la de EEUU y en la del mundo entero, como el hombre que había cumplido su promesa de volver. "Pueblo de las Filipinas: he vuelto Por la gracia de Dios todopoderoso, nuestras fuerzas están de nuevo en la tierra filipina, tierra bañada por la sangre de nuestros dos pueblos, decididas a borrar para siempre hasta el último vestigio, del control que sobre vuestras vidas, ejerce el enemigo. A mi lado se encuentra el presidente Sergio Ormena, digno sucesor del gran patriota Manuel Quezón. La hora de su redención ha llegado. Vengan a mí. Que el espíritu indomable de Batán y Corregidor nos guíe. Al avanzar las líneas de batalla, levántense. Levántense y ataquen. Por sus casas y hogares, ataquen. Por las generaciones futuras de sus hijos e hijas, ataquen. En el nombre de los muertos sagrados, ataquen. Que ningún corazón se desaliente. Que cada brazo sea de acero. La divina mano de Nuestro Señor señala el camino. Sigan en el nombre del Señor al Santo Crial de la victoria merecida." El pueblo de las Filipinas, no se había equivocado.

VICTORIA Y ¿JUSTICIA?

Yamashita, ahora al frente de las tropas en Filipinas, ordenó previsoramente no combatir en Manila. Pero fue desobedecido por el comandante local, y el comportamiento de las tropas en retirada fue, violaciones y atrocidades mediante, una indignante vergüenza. Tal vez esas mismas tropas, no habrían actuado así, de haber sabido el precio que pagaría el correcto general japonés, por sus desmanes. Él era, desde luego, el jefe, y la responsabilidad era suya, pero no la responsabilidad al extremo de perder la vida. La ira de MacArthur fue inmensa, y sus presiones a los abogados que intentaron defender a Yamashita, dejando a salvo el buen nombre y el honor de los norteamericanos y de su justicia, también fueron vergonzosas. Los abogados llegaron en apelación hasta la corte suprema de los EEUU, y perdieron. El general Tomoyuko Yamashita fue ahorcado.Pero uno de esos abogados, dio al general norteamericano que presidía la comisión internacional de juzgamiento a las autoridades japonesas, cuando éste le preguntó con agresividad si estaba comparando la responsabilidad de Yamashita con la que le hubiera cabido a MacArthur, por posibles crímenes de sus hombres, una respuesta que dejó bien alto el espíritu de esa justicia: "Si señor, porque la única diferencia, es que MacArthur ganó, y Yamashita perdió". Y el juez Murphy de la Corte Suprema escribió con auténtica amargura republicana:"Los japoneses perdieron la guerra, pero destruyeron nuestros ideales"

EL CAMINO HACIA LA EXCELENCIA

A lo largo de los trece meses que siguieron a Midway, todo fue cambiando, y en Julio de 1943, después de Kursk, la historia se encaminó hacia la victoria de los aliados, todo esto es muy conocido. Pero hubo otra consecuencia de las acciones de este periodo, el que va desde Pearl Harbor hasta la batalla de Midway; fue un notable, completo y definitivo cambio de mentalidad en los norteamericanos, cambio que en la ocupación de posguerra, impusieron a sus vencidos: el de la excelencia. Tan duro fue lo de Pearl Harbor y tan perfecto resultó todo en Midway que ya no se toleró fácilmente el error. Por supuesto que existió y no siempre se actuó con justicia, pero se privilegió el análisis desapasionado de los hechos, y se crearon sistemas de control y evaluación de resultados, y mejora de los procedimientos. Y cuando el curso de la historia no estaba aun definido, no se titubeó en reemplazar a las personas, en busca siempre de esa excelencia. Un caso muy doloroso fue el del mismo Fletcher, a quien a sólo 2 meses de su victoria en Midway, no le fue perdonada una supuesta equivocación. Había aprovechado su experiencia en la batalla del Mar del Coral, mejorando notablemente su conducción en la de Midway. Pero después, en Guadalcanal (Salomon Orientales), cuando se inició aquella lucha de meses alrededor de un peligroso aeródromo que construían los Japoneses, tomó algunas decisiones que resultaron muy discutidas. Aunque su buena suerte nunca lo abandonó, y sus buques, incluido el Enterprise, que fue duramente atacado tras ese error, se salvaron, sus jefes que evidentemente no compartían la opinión de Napoleón, que daba a un general con suerte el valor de dos con mérito, lo relegaron. La influencia dogmática de personajes como el almirante King, de quien se dice que se consideraba a sí mismo como el mejor oficial de la Armada, después de Spruance, olvidándose de Fletcher, ¡y de Nimitz!, y demostrando que de la grandeza de los héroes, no había entendido nada, fue la lamentable impulsora de estos errores. Y asi, el gran vengador de Pearl Harbor, fue relegado ante el surgimiento de grandes comandantes, como Spruance, Mitscher, Kinkaid, y algún otro. Grandes comandantes para grandes flotas, grandes comandantes que tuvieron a su disposición los "bolsillos bien repletos del tío Sam", actuando siempre con una abrumadora superioridad material. Pero en aquellos tiempos Frank Fletcher, debió actuar en batallas realmente decisivas, con una patética falta de medios y siempre en desventaja numérica. Lo hecho entonces, especialmente esa incomparable obra maestra de conducción, que fue la batalla de Midway, nunca será olvidado. Y, seguramente será en el Japón, donde más se lo recordará, y quizás Yamamoto, en sus últimos tristes meses, al pensar en el Mar del Coral y en Midway, donde se le torció la guerra, haya murmurado como Napoleón por Wellington: "Fletcher, ¿porque, tenía que ser siempre Fletcher? Dos años después, se dejó pasar un accionar disparatado de Halsey en la batalla del Golfo de Leyte. Claro que ya se vislumbraba la victoria final, y además se trataba de un jefe muy popular, cuya sola presencia levantaba la moral de civiles y de soldados. Coletazos del mismo dogmatismo que llevó al gran "Bull", a las cinco estrellas de Fleet Admiral y se olvidó de Fletcher y de Spruance. Pero los EEUU, todavía están a tiempo de corregir su olvido con un acto de estricta justicia, aún pueden hacerlo, "porque una nación como esa, irguiéndose en su antigua grandeza, incluso a estas horas" podría saldar con impecable sentido del deber, la deuda más gloriosa de su historia. Lamentablemente el camino hacia la excelencia nacía en plena guerra. Y en la guerra, la excelencia es la victoria, y la victoria, hasta esa época estaba ligada a la muerte y la destrucción. El camino a la excelencia pasa en primer lugar por la eficacia, y luego por la eficiencia. La eficacia en muerte y destrucción, eran los bombardeos, y la eficiencia suprema, los bombardeos nucleares. Los apóstoles de la victoria, sin pasar por la muerte y destrucción, recién aparecían. MacArthur y sus "saltos de pulga", eran una novedosa adaptación de la "blitzkrieg" de los "panzers" y de los "stukas" a la estrategia de las islas. La conquista de todo el occidente incluida Francia, con sólo cincuenta mil bajas germanas, cuando en 1916, en la batalla del Somme, ya en el primer día los ingleses habían tenido sesenta mil, parecía poco más que una alegre casualidad favorecida entre otras cosas, por la desorientación del comando aliado, que no atinó a una defensa correcta y duradera. Pero en realidad, ese camino comenzaba con firmeza, la economía de vidas era una ciencia incipiente, que llevaría décadas mas tarde, a "bombas inteligentes" y a armas "no letales". En otras palabras el respeto a la vida trataba de abrirse paso entre las pasiones homicidas y el desprecio por las poblaciones. Se economizaban soldados, pero se masacraban civiles. Y en el Pacífico, el burlado y luego glorificado "volveré" de MacArthur, se transformó, sin culpa de su parte, en "volveremos", y a juzgar por los hechos, en "volveremos y nos vengaremos". En los años que siguieron a la Segunda Guerra Mundial, que no fueron todos de victorias, se profundizó la disciplina del "examen de conciencia", como forma de motorizar el éxito. El pragmatismo de William James, fue reforzando el sentido de autocrítica de los hombres y mujeres de EEUU, con la internalización de las rutinas de medición, corrección y realimentación, y así como a un Pearl Harbor, siguió un Midway, y a un Vietnam un Golfo Pérsico, seguramente a las Torres Gemelas, seguirá una nueva corrección. Es de esperar, que esa corrección incluya un abandono del actual nuevo "aislacionismo" norteamericano respecto de la protección ambiental, aislacionismo que es un verdadero insulto a una humanidad que, tarde pero al fin, se dio cuenta de estar al borde de una catástrofe en su medio ambiente. Quizás entonces veremos al Japón en un nuevo aprendizaje, el de refrenar su crueldad haciendo cesar, por ejemplo, la masacre de ballenas

Andrés M. Lazarús del Castillo

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